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jueves, 19 de mayo de 2016

El adyacente


escribir es demorarse
prorrogar
es postergar
el no del sí
es aducir una ausencia parcial
o provisoria
pero eterna mientras viva
una vuelta por los alrededores de sí
la casa en la adyacencia
vivir
una noche de bodas sin tregua ni fin
en los alrededores
del crimen sexual es un crimen
hospedado en la periferia
sin centro
sin sí
con horror a los puntos finales
a las pieles desnudas
con el asco infundado a las rosas
que se abren esperma es cansancio
quiero decirlo es cansancio
pegado a la vida es un asco
también
que si vamos no estamos
que a llegar si  ya no estamos
si ya no somos sino aptos a venir
y punto

jueves, 21 de abril de 2016

Alguien


A Laura, como todo

como todo
se me fue de las manos
yo no sé ni para qué las tengo
o bien son la estela visible del desgobierno
la huella registrable de todo lo que yo no puede hacer
porque otro lo hace
perdón
porque hay otro que hace lo que yo no quiero hacer
no voy a preguntar cuál de los dos escribe este poema
eso es absurdo
y además lo dijo otro
y en mi caso es tan pedestre
y es tan poco literario
más vale preguntarme vanamente qué quiere
qué busca
si prescinde de mí en todo
si me quiere
o qué relación existe entre los dos
yo sí puedo decir de él que resulta siempre ser lo más lo poco verdadero
lo falso es lo que traigo yo
cuando lo venzo
porque se deja vencer
así es perverso
más vale preguntarme cuántos metros antes de la muerte nos resignaremos
a ser la misma cosa
o a dejar de ser
una de dos
más vale preguntarme si es a él a quien le gusta Emily Dickinson
cuando no entiende
o si es él quien ha leído un poco en vano a Jacques Lacan
se es él quien ha creído un poco ciegamente en la fatalidad
en el lugar de lo ilegible
porque a mí todo se me va de las manos
yo no sé ni para qué las tengo
porque siempre termino igual
él sin tiempo
en cambio
sin espacio
haciendo y bien lo mismo siempre
sin falla
y yo sabiéndolo
pero detrás
que soy su sombra
a su vez que lo sostengo con un cuerpo pequeñito soy su sombra
y lo reflejo
soy el ave necesaria para ver el cielo desde adentro
soy la última centésima de ocaso
porque al sol lo trae él
y no solo
porque al sol lo trae y se lo lleva él


miércoles, 13 de abril de 2016

mi menor


si pongo mi menor en la guitarra
el resultado
bien puede ser
una canción de amor
celebratorio
del amor
o perdido
o por nacer quién sabe
o deseado
por qué no
o puede ser también una canción recordatoria
de ausencias
aparentes
nostalgias
no me gusta esa palabra
o festejante
de presencias
de realidad, digamos
porque el asunto bien puede ser reducido a dos cosas
pienso
quiero decir si es real
la cosa o no es real
y preguntarse no sé si vale la pena
porque uno sabe
ni bien vuelca en la guitarra el mi menor
si lo que viene te existe
o no
porque las cosas te existen
o no
y el mi menor las convoca
las crea quizá
las invoca
no sé
a veces con séptimas, novenas
y se le puede agregar, incluso
allá en lo agudo
la oncena
total la sexta sostiene
allá en lo alto, profunda
gruesa, grave
presente
sonora
tectónica
vibrante
¿irreal?
sostiene, digo
todo lo que venga
sea eso lo que sea
luego
en forma de acorde, bien puede ser
o de arpegio
las canciones de amor que la sigan
ya son otra cosa, eso es seguro
encima de ella
es como un viso, pienso
de irrealidad
tan almohada ella
que les da a las cosas
y a la vez
convincente
pues canta
y te convence
pues hace de la cosa la otra cosa
y entonces pregunto si existe
la cosa
y claro digo que existe
el error está en la pregunta
como siempre
el error está en la pregunta
que horada
no en la guitarra
no en la cuerda
no en el mi

jueves, 7 de abril de 2016

a mis deudos


tengo miedo
de pedirle a mis deudos
encarecidamente
que arrojen al fuego
completa
mi obra
y obedezcan
con honestidad
de decirles mi sueño
de morir inédito
de una buena vez
y ser creído
de veras
y comprendida la necesidad
y mi voluntad
que no fue oída en vida
por fin es complacida
de muerto
cuando no importa
o sí
tengo miedo
de dejarle a los cuervos
la carne empeñada
durante siglos
y siglos
en una hoja
que no merece
estoy seguro
la gloria de ser un libro
grande
ni el infierno
improbable
de ser oído
tampoco
o de no serlo

sábado, 2 de abril de 2016

mal desnudo

a laura, que no se acuerda

mal desnudo
será eso
pregunto
o mal vestido
hay una cosa
segura
que es algo
relativo a la falla
optativa
obligada
preferida
rebuscada
pregunto
camuflaje
de esencias ancestrales
de selvas
ríos
que no se pueden ver
pero se alcanzan
selvas
que no se pueden ser
pero se han sido
ríos
que no podemos navegar
pero que es acá
nomás
donde nos han traído


viernes, 25 de marzo de 2016

Poesía y Verdad


Una idea, lo sabemos, es una emergencia. Una rara emergencia. Y digo emergencia en el sentido de la asunción pero también en el de urgencia o, mejor, en el de la súbita aparición. Y digo rara en el sentido de lo escaso y de lo extraño.
La idea a la que quiero atender es mínima. Es mínima y es consabida, también. Me interesa entonces contar una historia. La historia de la asunción. Y no es vocación narrativa lo que me mueve, más bien deseo enfático de confirmación, de refuerzo de una vieja y ajena argumentación.
La historia es la de las ideas previas que convergieron en esta idea mínima a la que vienen presuntamente a confirmar.
La primera es una anécdota personal. Es un texto en soporte de celular. Un amigo, de una lucidez a veces extrema (y me importa este tema de la lucidez) me escribe lo siguiente. Me dice que sus pensamientos conyugales oscilan entre dos posibilidades de explicación de un presunto fracaso. Una, su “síndrome de alpinista” (refiriéndose a su obstinación en remontar lo imposible); otra, su “equivocación de cama”. Es decir, su padecimiento de “30 años” acusa, o bien una tendencia propia de esfuerzo sisífico por encumbrar una piedra imposible, o bien un error en la elección de mujer, digamos.
La disyunción desde un principio produjo ruido, pero tardé en comprender lo que luego me pareció en un nivel más profundo, sólo (o nada más y nada menos que) una falacia, una seudodisyuntiva. Interrogué: ¿la cosa no se resuelve si suponemos, ya que el modo de pensar psicoanalítico ya nos ha ganado del todo, que la elección de mujer imposible de remontar responde a su síndrome de alpinista? ¿No es que es Sísifo quien elige fatalmente la imposibilidad de la piedra?
Y bien, ya que el psicoanálisis entró en nuestras lógicas, ¿qué hace que un hombre extremadamente lúcido, no detecta la falsedad de la alternativa? Y una respuesta argentina, digamos, si no occidental, sería lo que Freud, y luego sus discípulos, incluido el que volvió a sus textos para fundarse, llamaron “resistencia”. Mecanismo inconsciente por el cual se niega lo que se sabe, digamos, un modo de ocultamiento o negación, para decirlo fácil, una estructura profunda e históricamente sólida evitante de emergencias de verdades posiblemente turbadoras a la superficie. Entonces, un pensamiento, un razonamiento, una lucidez, un intento de acceso a la verdad que encuentra su límite inexpugnable en el inconsciente, o, más precisamente, en su “resistencia”.
Por otro lado, y volviendo a quien volvió magníficamente a Freud, Jacques Lacan, leo en un texto suyo algo que dice como a la pasada (las genialidades parecen tener a veces ese destino rinconero, marginal), porque está tratando otras cuestiones, a saber, que Freud era un ejemplo evidente de cómo quien está meramente en busca de la verdad puede tener un mayor acceso a ella que el especialista. Y alude luego a esa verdad que no viene al caso referir acá.
A quien esto escribe, leyendo esa genialidad del francés, se le vino como por encanto una fijación, a saber, la poesía. La poesía como un discurso que busca “meramente la verdad”, sin ser especialista. Es decir, la poesía –o lo que voy a llamar ahora un poco arbitraria y tautológicamente  poesía- como un discurso despojado de saberes institucionalizados, de marcos regulatorios, de legislaciones mentales, de correcciones políticas, de mandatos culturales, de exigencias ordinales, de requisitos de coherencia o legibilidad. En síntesis, la poesía como una textualidad parcialmente despojada de internas y externas “resistencias”.
Y es ahí donde asomó lo que llamo la idea mínima y repetida. Como un breve tallo de dos árboles nacido. La idea fue la mera adición de un nexo causal entre ambas ideas ajenas. Un porque que vino a confirmar algo que no dejará nunca de ser intuitivo.
La poesía es, por todo lo anteriormente decidido, lucidez menos resistencia.
La poesía puede (acceder a la verdad) porque es lúcida y abjura de resistencias.