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domingo, 20 de septiembre de 2026

Los amantes II

 

Cuando dos personas se aman, María, dos seres se retiran de la especie. Empiezan a encontrar súbitamente, el uno en el otro, una pluma de pájaro, una ola de mar, la orilla limpia de un río. Y nada o casi nada en ellos que recuerde ahora al resto de la familia mortal. Son tan reconocibles el uno para el otro, María, como podría ser para cualquier otro distinguir entre un águila y un ruiseñor, un cuervo y una alondra, un lobo de mar y una sirena. Quizás la diferencia esencial sea que uno de los dos acaso no existe. Hay un ser en el mundo, sin embargo, en ese instante, tan exterior y tan nuestro como el agua que ya hemos bebido, el sol que ya hemos recibido, la sal que ya hemos probado. Hay algo en el mundo tan esencialmente distinto que lo conoceríamos a lo lejos aunque nos amputaran todos los sentidos. Porque hay algo, María, cuando amamos, que nos sustrae de las algas de la especie. Algo en él, algo en ella, no es del todo mortal. Un puñado de pan, la nervadura de un árbol, un barco roto en altamar. Dos seres mitológicos se buscan incesantemente como los remos silenciosos de una canoa. Y nadie más sabe ahora dónde están, ni cómo viven, ni cómo se llaman en realidad. Son los amantes. Una especie parpadeante, divina que hizo Dios acaso para redimir al mundo de todo lo demás.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Pensar que por ese mar (fado)

 

Pensar que por ese mar

vino su barco de espuma,

nunca vi su rostro claro

en lo bello de la bruma.


Nunca vi su rostro claro

ni sus manos a lo lejos,

tan lejana y tan real

como una flor en un sueño.


Tan lejana y tan real

que mis manos no pudieron,

la playa fue de cristal,

de cristal fue todo el cielo.


La playa fue de cristal,

en lo fugaz, en lo eterno,

todo fue tierno y atroz

como una rosa en el fuego.


Todo fue tierno y atroz

como dos ángeles muertos,

un barco atado a la playa

como al fuego se ata un leño.


Un barco atado a la playa

entre la espuma del mar,

quizás las olas lloraban,

yo no las pude escuchar.


Quizás las olas lloraban

yendo y huyendo a la luna,

pensar que por ese mar

llegó su barco de espuma.


Pensar que por ese mar

trajo sus pies a la tierra,

no sé qué amé cuando amé,

ni sé qué falta siquiera.


domingo, 6 de septiembre de 2026

Nocturna

 

Pues nunca la vi de día…

quizás nacía en la noche,

con sus zapatos bajitos

y sus piecitos de bronce.


Ni vi el sol en su cara,

en sus granitos de cobre,

yo no vi cambiar su piel

desde la miel hasta el roble.


Yo no vi llegar septiembre

a sus manos distraídas,

yo no vi la luz del sol

llenar de luz sus pupilas.


Yo nunca vi entre sus ojos

crecer la luz con el alba,

ni el sol creciendo de a poco

con su sombra por la casa.


Cómo pude enamorarme

de esa voz bajo la luna,

cómo pudo saber Dios

que eras vos o que ninguna.

domingo, 30 de agosto de 2026

Como el tiempo silencioso (fado)

 

Como el tiempo silencioso,

ella se fue con la noche,

se llevó como un bandido

sus ojos de miel y cobre.


Se llevó como un bandido

su rastro hundido en la arena,

su barco estaba tan listo,

faltaba un soplo en las velas.


Su barco estaba tan listo

que nunca fue de la orilla,

del mar traía sus ojos

y al mar volvió con su vida.


Del mar traía sus ojos

a mi tierra bendecida,

nunca bajó de su barco

su voz liviana y sencilla.


Nunca bajó de su barco

su solitaria paloma,

el mar estaba en sus manos

como el viento en la gaviota.


El mar estaba en sus manos,

eso yo lo supe siempre,

fuimos cómplices de un vuelo,

no lo amarillo en lo verde.


Fuimos cómplices de un vuelo,

pues se hizo hermosa la tierra,

como el tiempo silencioso

deja su forma en la arena.


Como el tiempo silencioso,

ella se fue con la noche,

hoy su perfume es del agua,

su piel del trigo y del bronce.



jueves, 27 de agosto de 2026

Por esos mares de espuma (fado)

 

Por esos mares de espuma

se fue su barco de arena,

quedó su ausencia en la playa

como una forma en la niebla.


Quedó su ausencia en la playa

como una rosa serena,

que poco a poco se esfuma

sobre la faz de la tierra.


Que poco a poco se esfuma

como un ave que se vuela,

una parte se va al cielo,

otra en el alma se queda.


Una parte se va al cielo

como un cometa de seda,

y en el agua queda un tajo

que poco a poco se cierra.


Y en el agua queda un tajo

que sobre el tiempo se pliega,

por esos mares de espuma

que poco a poco se aquietan.


Por esos mares de espuma

se fue su barco de arena,

y un hombre busca a lo lejos

el sol hundido en la niebla.

lunes, 24 de agosto de 2026

Fado

 

Cuando algo se va por el alba sin ruido,

sin conmiseración y sin violencia y sin desesperación,

y se hace pequeño y esfuma a lo lejos,

cuando algo se va casi sin haber venido,

y un barco se va de vos con sus rosas y con su espuma,

cuando algo que te dio el amor desaparece, en altamar,

cuando las sogas del muelle se enrarecen y se cortan,

cuando alguien que te dio las horas te deja en el tiempo perdido,

cuando alguien que no ha nacido del todo se va,

cuando tu mano se despide y en el mar quedan las olas y el agua,

cuando en el surco del agua ves la forma de la vida prometida,

será cierto entonces que aquí un día hubo alguien, te preguntás,

hubo algo una vez más que vos y tus deseos de mar,

cuando los cantos que llegaban a la tarde ya no llegan,

cuando las aves que llegaban a la arena ya no llegan,

entonces se hace líquida lentamente la carne del cuerpo,

se deshojan en silencio las sombras tibias del agua,

se ven las rosas en el agua desaparecer,

y un tiro suave y silencioso te perfora como un ave el corazón.

lunes, 17 de agosto de 2026

Un castigo griego

 

Joaquín era un hombre sencillo, de hábitos modestos y de vida serena. Bienamado por los dioses eternos y respetado por los ciudadanos de su polis. Un día Joaquín descubrió, casi por azar, las mieles de los placeres del cuerpo. Su vida adquirió entonces un aspecto borroso y volátil. Los dioses sospecharon de él. De día leía las obras de los grandes hombres que lo precedieron, de noche buscaba el amor de una u otra mujer. Los dioses, que lo miraban, comprendieron con pena el exabrupto y se lo llevaron de la vida. Murió en el río, dicen, ahogado, atrapado entre dos piedras inverosímiles e inhabituales. Los dioses lo trasladaron a los infiernos. Fue condenado a pasar sus noches eternamente con mujeres hermosas, con las que acaso quisiera pasar su vida, sin poder jamás enamorarse de ninguna de ellas.