Te amo y sin
embargo,
si hay algo que
realmente sé
es que puedo vivir,
si hay algo que
perfectamente ya sé,
digo,
es que puedo vivir
sin tu amor,
porque sé bien
que hay un acorde
sonando
y sé que somos cada
uno y a su modo
una parte de ese
acorde
y es hermoso,
y es hermosa, digo,
esa gota
indiscernible de la lluvia,
ese barro sanador,
pero sé también
oír,
ya soy también
capaz de oír, digo,
la belleza de la
melodía,
la nota pura,
digamos,
el sonido,
la línea melódica
que avanza solitaria,
como un lobo,
y sobrevive,
digamos,
al temblor casi
divino de la orquesta,
te amo, repito, te
amo y no obstante,
te amo no obstante y
sé,
y ambos sabemos,
eso es lo terrible,
lo aliviador,
te amo y ambos
sabemos,
digo,
que sobreviviríamos
sin duda
el uno sin el otro,
tal vez,
luego de la natural
melancolía,
de un lago lento de
reposo,
o una marea brava de
nostalgia,
quizás, de saber
lo que se ha tenido
y se ha perdido,
y después,
y el tiempo que se
lleva todo
y nada más,
te amo, te amo
inmensamente
y no hemos dejado
nunca de saber,
los dos juntos
y cada uno a la vez,
y antes y durante
y lo sabremos otra
vez después,
que la vida era
maravillosa
o casi maravillosa
antes
y lo volverá a ser
por qué no después,
cuando la tormenta
pase del vacío,
cuando escampe al
fin en la mañana
y nos hayamos ido,
ya del todo nos
hayamos ido,
y vos serás para mí
todo el amor,
y yo seré para vos
también quizás un
buen cariño,
una cadencia,
una paz en la
tormenta,
un consuelo,
una mano llena de
agua,
en la arena,
un calor acaso ya
otoñal,
y la vida probará
de nuevo ser más fuerte,
ser más vasta, más
serena,
acaso más esencial,
que vos y que yo,
y que nosotros dos,
y el río, y el
campo, y el mar,
entonces,
y las estaciones, y
el viento,
y luego la playa,
y los hombres
caminando por la calle,
y los pájaros de
nuevo en la mañana,
y además,
y un montón de
hojas caídas,
también, y otra
vez,
de nuevo,
pero definitivas,
ya dispersas en la
plaza.