Qué habrá pensado
del mundo la mariposa,
que nació
y murió
un domingo por la tarde.
Literatura
Te amo y sin embargo,
si hay algo que realmente sé
es que puedo vivir,
si hay algo que perfectamente ya sé,
digo,
es que puedo vivir
sin tu amor,
porque sé bien
que hay un acorde sonando
y sé que somos cada uno y a su modo
una parte de ese acorde
y es hermoso,
y es hermosa, digo,
esa gota indiscernible de la lluvia,
ese barro sanador,
pero sé también oír,
ya soy también capaz de oír, digo,
la belleza de la melodía,
la nota pura, digamos,
el sonido,
la línea melódica que avanza solitaria,
como un lobo,
y sobrevive, digamos,
al temblor casi divino de la orquesta,
te amo, repito, te amo y no obstante,
te amo no obstante y sé,
y ambos sabemos,
eso es lo terrible,
lo aliviador,
te amo y ambos sabemos,
digo,
que sobreviviríamos sin duda
el uno sin el otro,
tal vez,
luego de la natural melancolía,
de un lago lento de reposo,
o una marea brava de nostalgia,
quizás, de saber
lo que se ha tenido y se ha perdido,
y después,
y el tiempo que se lleva todo
y nada más,
te amo, te amo inmensamente
y no hemos dejado nunca de saber,
los dos juntos
y cada uno a la vez,
y antes y durante
y lo sabremos otra vez después,
que la vida era maravillosa
o casi maravillosa
antes
y lo volverá a ser
por qué no después,
cuando la tormenta pase del vacío,
cuando escampe al fin en la mañana
y nos hayamos ido,
ya del todo nos hayamos ido,
y vos serás para mí todo el amor,
y yo seré para vos
también quizás un buen cariño,
una cadencia,
una paz en la tormenta,
un consuelo,
una mano llena de agua,
en la arena,
un calor acaso ya otoñal,
y la vida probará de nuevo ser más fuerte,
ser más vasta, más serena,
acaso más esencial,
que vos y que yo,
y que nosotros dos,
y el río, y el campo, y el mar,
entonces,
y las estaciones, y el viento,
y luego la playa,
y los hombres caminando por la calle,
y los pájaros de nuevo en la mañana,
y además,
y un montón de hojas caídas,
también, y otra vez,
de nuevo,
pero definitivas,
ya dispersas en la plaza.
Pensar que por ese mar
vino su barco de espuma,
nunca vi su rostro claro
en lo bello de la bruma.
Nunca vi su rostro claro
ni sus manos a lo lejos,
tan lejana y tan real
como una flor en un sueño.
Tan lejana y tan real
que mis manos no pudieron,
la playa fue de cristal,
de cristal fue todo el cielo.
La playa fue de cristal,
en lo fugaz, en lo eterno,
todo fue tierno y atroz
como una rosa en el fuego.
Todo fue tierno y atroz
como dos ángeles muertos,
un barco atado a la playa
como al fuego se ata un leño.
Un barco atado a la playa
entre la espuma del mar,
quizás las olas lloraban,
yo no las pude escuchar.
Quizás las olas lloraban
yendo y huyendo a la luna,
pensar que por ese mar
llegó su barco de espuma.
Pensar que por ese mar
trajo sus pies a la tierra,
no sé qué amé cuando amé,
ni sé qué falta siquiera.
Pues nunca la vi de día…
quizás nacía en la noche,
con sus zapatos bajitos
y sus piecitos de bronce.
Ni vi el sol en su cara,
en sus granitos de cobre,
yo no vi cambiar su piel
desde la miel hasta el roble.
Yo no vi llegar septiembre
a sus manos distraídas,
yo no vi la luz del sol
llenar de luz sus pupilas.
Yo nunca vi entre sus ojos
crecer la luz con el alba,
ni el sol creciendo de a poco
con su sombra por la casa.
Cómo pude enamorarme
de esa voz bajo la luna,
cómo pudo saber Dios
que eras vos o que ninguna.
Como el tiempo silencioso,
ella se fue con la noche,
se llevó como un bandido
sus ojos de miel y cobre.
Se llevó como un bandido
su rastro hundido en la arena,
su barco estaba tan listo,
faltaba un soplo en las velas.
Su barco estaba tan listo
que nunca fue de la orilla,
del mar traía sus ojos
y al mar volvió con su vida.
Del mar traía sus ojos
a mi tierra bendecida,
nunca bajó de su barco
su voz liviana y sencilla.
Nunca bajó de su barco
su solitaria paloma,
el mar estaba en sus manos
como el viento en la gaviota.
El mar estaba en sus manos,
eso yo lo supe siempre,
fuimos cómplices de un vuelo,
no lo amarillo en lo verde.
Fuimos cómplices de un vuelo,
pues se hizo hermosa la tierra,
como el tiempo silencioso
deja su forma en la arena.
Como el tiempo silencioso,
ella se fue con la noche,
hoy su perfume es del agua,
su piel del trigo y del bronce.
Por esos mares de espuma
se fue su barco de arena,
quedó su ausencia en la playa
como una forma en la niebla.
Quedó su ausencia en la playa
como una rosa serena,
que poco a poco se esfuma
sobre la faz de la tierra.
Que poco a poco se esfuma
como un ave que se vuela,
una parte se va al cielo,
otra en el alma se queda.
Una parte se va al cielo
como un cometa de seda,
y en el agua queda un tajo
que poco a poco se cierra.
Y en el agua queda un tajo
que sobre el tiempo se pliega,
por esos mares de espuma
que poco a poco se aquietan.
Por esos mares de espuma
se fue su barco de arena,
y un hombre busca a lo lejos
el sol hundido en la niebla.