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martes, 18 de abril de 2023

Bolero triste

 

Nació con un vestido verde, floreado,

en el parque San Martín,

en un banco de piedra, algo húmedo aún por la lluvia,

a las siete en punto,

en el borde mismo de la tarde,

nació con las piernas hermosas, doradas,

bajo la falda,

con el pelo parcialmente recogido,

rubio rizado,

muy consciente del dibujo perfecto en su rostro,

en su frente,

y en los caminos mojados de la plaza, luego,

sobre las agujas secas

dispersas de las casuarinas,

amarillas ahora,

nació con las risas moderadas

de lo que no se quiere mostrar del todo,

pero se deja entrever,

quizás con cálculo,

en la boca perfecta y en los ojos color caramelo,

que miran y piensan,

y por eso nunca miran del todo,

jamás miran del todo,

nació luego en las costas del río,

a media tarde,

entre una multitud de gente que hacía otras cosas,

y los sauces llorones y los ceibos

y los altos eucaliptos asimétricos,

y los peces blancos insensibles ya en el borde oscuro del agua,

nació con anteojos de sol,

ya sin dar lo que los ojos siempre y aún sin quererlo

han dado,

nació con un abrazo tembloroso, apenas cálido,

al borde quieto del agua,

cargado de un antiguo miedo,

vacilante, inestable, perplejo,

apenas profundo,

nació como un brote nuevo sobre un dolor mal sanado

de un mundo anterior,

siempre reciente, aunque repetido, viejo,

nació con los colores conocidos del río,

con su olor a tiempo triste,

abandonado,

con los barcos grandes quietos a lo lejos,

el cielo celeste

y el sol ablandándose de a poco en la espalda,

en los huesos,

extendiéndose sin dirección,

perdiendo intensidad,

como quien y sin voluntad, se va diluyendo,

y los gritos de las ranas del río,

y el primer perfume que nos llega de otro

(eso que pasa una sola vez,

para ser luego la forma sensible de un nombre que está cerca),

nació con el miedo natural de un niño en el centro impredecible del bosque

que se sabe ya perdido,

nació con un marco sutil de sombra traída de lejos,

nació risueño, esperanzado, con decisión,

quizás más que con fe,

con una emoción quizás calculada,

nació como el hijo destemplado de un pasado tenaz,

irremplazable ya,

nació infeliz, aparente, superficial,

nació en mis manos,

yo estuve ahí, lo vi nacer,

nació con las semillas de lo muerto.

 

martes, 11 de abril de 2023

Palabras de un poeta a la gente de su reino

  

Nos haremos cargo de las penas de este, vuestro reino,

dijo el poeta,

diremos que estamos tristes

para que vosotros podáis por fin estar tristes,

diremos que estamos cansados

para que vosotros podáis también por fin estar cansados,

diremos que hemos perdido la guerra

para que vosotros podáis decir por fin sin soledad que habéis perdido la guerra...

nos haremos cargo, repito, de las penas de este, vuestro reino,

y también de vuestros gozos,

dijo el poeta,

celebraremos el mundo

para que vosotros podáis también al fin celebrarlo,

cantaremos las victorias

para que vosotros podáis al fin también cantarlas,

hablaremos del amor

para que vosotros podáis al fin tener las palabras para hablar sin vergüenza del amor,

sólo, os suplicamos, dijo el poeta,

permitidnos antes estar tristes, volver cansados, perder la guerra,

permitidnos antes gozar el mundo, obtener la victoria, probar los dones del amor,

luego entrenaremos la palabra exacta con que todo será dicho,         

mucho tiempo quizás, os suplicamos,

y luego sí, finalmente,

podréis arrojarnos a esas tierras fangosas y desiertas

a las que sin duda pertenecemos,

y fingir que nuestro nombre y nuestra ausencia os importa,

que sí os importa,

y os ha importado, siempre...

podéis incluso esculpir nuestro bronce...

nosotros estaremos muertos, del todo,

no sabremos nada, pero nada,

pues no existe la gloria,

y habremos cumplido, sin elección, nuestra pobre misión sobre la tierra.