el árbol y yo sabemos
que nada nos pertenece.
Somos lo mismo,
sus hojas serán mis manos
cuando esté bajo este manto.
Somos eternos,
sólo su nombre y el mío
se borrarán de la lengua.
Somos hermanos.
Un mismo Dios nos dio vida.
Uno perpetuo y lejano.
Cómo decirte,
árbol, que quiero tu sombra,
y tus nidos y tus pájaros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario