Cuando mi abuelo murió,
lo primero que hice no fue llorar,
tomé, en cambio, un papel,
que siempre llevaba en mi bolsillo,
y escribí un verso que recuerdo,
abuelo, decía, la muerte recién empieza,
y guardé sin llorar el papel.
Anoche vi a María por última vez,
y lo primero que hice tampoco fue llorar.
Escribí, en cambio,
en la mente que ya entendía,
María, escribí, la muerte ya está por empezar.