Buscar este blog

miércoles, 29 de mayo de 2019

sábado, 25 de mayo de 2019

El deseo

                                                                                                                    a Juliana
                                                                                                                    

Juliana me enseñó
que detrás del deseo ruge un miedo.
No, mejor, me enseño que es el miedo lo anterior a toda fuerza.
Que el impulso feroz de la fiera de aparearse, de ese tigre,
es el mismo temor de quedar sin descendencia.
No hay dos caras, siquiera, me dijo, son lo mismo.
No hay deseo que subsista sin la fábula terrible de quedarse en su reverso.
Quiero huir, me dijo, es decir, tengo miedo de quedarme.
No hay dos caras, siquiera, me dijo, son lo mismo.
Buscar el agua y rehuir la sed.  
Tengo la boca reseca, ahora que escribo, me muero de miedo.
¿Hay alguien ahí?
Busco un alma, me dijo, que me encuentre.
Un alma muerta de miedo.
Por eso escribo.

El aljibe


Se hubiera avergonzado mucho el abuelo de haberle dicho que lo vi esa mañana golpeando suave y concentradamente la piedra con su bastón. Preferí agradecerle el agua que me tendía en su jarro de lata y hacerle una broma sobre el sabor del agua que manaba de vez en cuando del aljibe.

martes, 23 de mayo de 2017

todos los libros



adentro de mi casa y adentro de mi casa el libro
la doble pared que me contenga de todo
y luego afuera
soy el hombre más desnudo del mundo
si vamos a hacer el amor hagámoslo suave, de lejos,
solos, los dos

jueves, 23 de marzo de 2017

Historia de la lectura



Días pasados estaba con un amigo. Mirábamos por la ventana. En frente pasaban estorninos, en bandada, hacia algún lugar. Mi amigo dijo, mirá, como en el cuento tuyo, los pájaros parecen ser atráidos por el sitio al que van. Y eso es todo. Creo que esa es la aspiración de todo escritor, la más ambiciosa de todas. Crear minúsculos modelos del pensar, si es posible del ver, y, de ser posible, del sentir. Fue el mejor regalo que, como escritor, me hicieron en toda mi vida.

martes, 21 de marzo de 2017

Historia de la escritura



Les voy a contar una pequeña historia. Días pasados escribí un título para una serie de cuentos. Escribí: Cuentos que me hubiera gustado escribir yo. Hoy volví sobre el título y corregí: Cuentos que me hubiera gustado escribir a mí. Y me nacen preguntas. Quién escribe. Quién corrige. Evidentemente sus estilos difieren. ¿Por qué tednemos siempre a suponer que el segundo es mejor que el primero?  ¿Es una disputa entre la razón y la pasión? ¿Una teoría del progreso? ¿Un premio al trabajo? ¿Una justificación? ¿Es un intento por soterrar el pasado? ¿Por que tenga sentido esto?

viernes, 3 de marzo de 2017

Borges, la angustia, el arte


Borges me produce angustia. ¿Por qué? No me ha pasado con otras escrituras. Sí con otros artistas. Me ha pasado con la música (Brahms, Chopin), con la pintura (Rotko, Matisse, Gauguin), pero no con la literatura. Es muy específico el sentimiento. No es intensidad, no es ninguna otra emoción. Borges me angustia. Claro que es esa angustia que uno tolera e incluso solicita. Es una suerte de angustia mística, de cierto tipo de felicidad, de plenitud, de exceso. Quizá también en el sentido de lo real, como lo piensa el psicoanálisis.
Claro que me gustaría entender la razón. Hablaría de mí, de él, y de nuestro vínculo, quizá bastante compartido. Se me ocurre lo siguiente. ¿Será que lo que Borges ha dejado me excede? ¿Como me excede la música y me excede la pintura? Quiero decir, ¿será que el lenguaje con el que pienso queda excedido por el lenguaje al que me enfrento? ¿Como la realidad lo excede? ¿Será que la realidad, la pintura, la música y Borges hablan más allá de la inteligencia (la mía, claro)? ¿Será su proeza haber logrado verbalmente, con su apariencia de perfecta intelección, lo que logra a veces la poesía?
Creo que sí. En ese caso, me gustaría llamar arte a todo aquel hacer humano que excede la inteligencia y que es capaz de producir una felicidad... cierto tipo de felicidad. Decirle arte a ese exceso. Lograrlo con pintura o con sonidos me parece menos increíble que haberlo hecho con palabras y reglas compartidas de un idioma forjado precisamente por nuestra inteligencia.
¿O es que Borges escribe en otra lengua?