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jueves, 10 de octubre de 2013

leo


leo
reduzco mi vida a dos círculos celestes
de lejos un caballo gritón me busca para su grupa
leo
vigilo la oscuridad de otro desde la oscuridad que viene de mí
de lejos un caballo se hace grande en una vieja inmensidad
leo
anudo un mundo perdido a un mundo por perder
de lejos un caballo alza el cuello o me reparte la intimidad de un olor
leo
debajo de mí una tremenda soledad nos hace mudos y yo no escucho la llovizna que calla
de lejos un caballo llama y suda sombra negra sobre un lomo bicolor
leo
el piano que me toca lanza notas sin alma
de lejos un caballo se acobarda o se cansa ya de mí
leo
un caballo se dibuja sin relieve debajo de dos círculos celestes
yo vigilo su soledad sin carne
y la vigilia no me alcanza para nada

martes, 8 de octubre de 2013

Las trenzas del viento


Adentro tejo y destejo una madeja enredada que quién sabe quién me ha enseñado a entramar.
Afuera el mundo hace lo que quiere.
En la ventana está el mundo si miro.
Me gusta pensar su distancia.
El sol alumbra la tecla que piso.
Despacito y subrepticio me desvisto.
Afuera el viento hace lo que quiere.
La parte que del viento se filtra por los vidrios me escora el nido rubio de los pelos.
El viento que me trenza.
Fatalmente me desvisto.
Afuera tejo la madeja que no he podido dejar de tejer.
Adentro el viento hace lo que quiere.


Quise decir simplemente que las cosas sucedieron
sin que yo me propusiera nada.
Haroldo Conti

lunes, 7 de octubre de 2013

La razón

Cuando era chico, yo creía que eran los árboles que se movían los responsables de viento.
Luego el tiempo me fue dando la razón.

viernes, 4 de octubre de 2013

la prisa

hay una cosa que muere
tan lentamente que acaso
no muere
del todo
o acaso se muere
del todo
y no importa

o hay una cosa que brota
tan lentamente que acaso
no brota
del todo
o acaso brota
del todo
y no importa

o hay una cosa que olvido
tan lentamente que acaso
no olvido
del todo
o acaso olvido
del todo
y no importa

y no importa 
porque hay una cosa
que careció de lentitud
para irse y desaparecer
del todo
unánime
del todo y sin acaso



martes, 1 de octubre de 2013

Poemas de Perico Remón

V

a Elisa, que sabe

Toda vez que contradijo al viento, Perico Remón terminó muerto o herido. Perico no cree siquiera en el libre albedrío del viento. Pero lo respeta. No le reza. Pero lo espera. Sabe que solo le compete el aprendido trajinar de las velas. Y apenas. Un viento lo recorre por dentro. Él sabe. Un viento sopla los vientos. También. Un viento le arrasa la fuerza, un viento le exhuma el deseo, el recuerdo, un viento lo sienta en un banco en el medio de un bote, un viento le alza la frente, lo rodea, un viento que ve después en horizonte, que arrastra el sol, que borra la luna, que la devuelve. Y toda vez que contradijo al viento, Perico terminó herido o convencido que no hay casi nada más que ese viento. Pero eso es cosa aprendida. Y ya no lo cree poco. Nada que nadie, ni las ramas, ya no sepa.

martes, 24 de septiembre de 2013

sábado, 21 de septiembre de 2013

Su Majestad

El risible bufón Real consiguió, al fin, por parte del Gran Sabio y Hechicero de la Corte, la concesión de las tres palabras que, bajo enfática promesa de no usarlas jamás, había reclamado con larga insistencia durante tantos años de vida nimia en el Palacio Real.
     Esa misma noche, previsiblemente, el accesorio bufón probó sus dones. El Rey, magnánimo, en su magnífico lecho con dosel, quedó transformado, al cabo de la lenta elocución, en un hermoso y blanco conejo dormido. A su lado, hermosa, dormía sin sobresaltos una plácida liebre que acababa de ser Su Venerable Reina. Y en el Palacio innumerable fue el tiempo de todos. Silentes ranas que fueron rígidos soldados, hidalgos sapos que fueron Guardia Real, rumorosas ardillas y hasta patos silbones que fueron Condes, Duques, altos Príncipes, que quién sabe si conservaban en sus disminuidos cuerpos, de pie en la quieta laguna, los viejos rasgos de Nobleza y vida Real.
     El Gran Sabio y Hechicero de la Corte no esperaba del todo la traición. Pero también a él, inmutable la culta barba, le llegó. Su nueva especie fue denunciada por un breve pero hiriente graznido de ganso que azotó levemente los oídos satisfechos del risible bufón.
     Y ahora sí, dijo para sí el antiguo risible bufón de la Corte, mientras mudaba sus calzados de excesiva punta corva por los enérgicos y puntuales zapatos de Su Majestad, ahora soy el Rey indiscutible de esta granja.