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lunes, 25 de julio de 2022

Macarena II

 

La sombra que te sigue, Macarena,

la sombra que no te deja oscilar en el vacío como un péndulo,

o en el mar como una pluma,

en el río como un trébol,

la sombra que te saca de la risa,

de la convicción, de la alegría,

quizás también de la belleza,  

la sombra que te vimos una tarde en medio de la luz,

de toda la luz, Macarena,

que a veces es toda la luz,

Macarena,

detrás de un gesto,

la sombra que te ocurre cada vez,

la que te sitia, te hiere,

te socava,

es la que te perfuma, Macarena,

también,

la sombra quizás por la que te amamos,

la que te hace mejor,

mucho mejor que todos nosotros,

la sombra por la que otros amaron a Cristo,

o a Giordano Bruno,

que no pudo amar a Cristo,

esa sombra, Macarena, que te sigue,

que no te deja libre como un péndulo,

como una pluma en el mar,

una hoja en el vacío,

un trébol,

es la sombra que te alumbra, Macarena,

la que te saca del nombre,

también,

de las categorías, de las palabras,

del poema, de los otros, Macarena,

de la tierra,

del agua,

del cielo,

de mí.

 

 

 

 

viernes, 15 de julio de 2022

Macarena

 

Imperfecta,

como las montañas de la luna que vio Galileo,

cambiante, abierta,

como el mundo sublunar que despreció un filósofo griego,

pequeña,

como la hierba diminuta que pisan bajo el sol las uñas de un benteveo,

imborrable, eterna,

como una huella hundida en un sitio al que no llega el barrido del tiempo,

íntima y ajena,

mágica entre las cosas, Macarena, así te veo,

y secreta,

como un sol perdido en el centro del cielo.

miércoles, 22 de junio de 2022

Canción de amor para María

 

¿Te das cuenta, María,

que ya no nos avergonzamos del amor,

del amor pleno, quiero decir,

del amor franco,

ni de nuestra manera sencilla de decirlo?,

¿te das cuenta que hemos recuperado las frases,

las palabras,

la entonación, los modos,

las maneras directas de nombrar sin desprecio

lo evidente que nos pasa por adentro?,

¿te das cuenta que hemos vuelto a escuchar y a cantar,

porque también hemos vuelto a cantar,

y eso es importante,

esas canciones de amor tan encendidas,

tan enfáticas,

tan decididas y esenciales,

de acordes fuertes,

sin vergüenza ni arrepentimiento,

ni culpa, María?,

no sé, pienso, si es a vos a quien debo agradecerlo,

a vos, a quien siempre estoy hablando,

vos de quien de algún modo he aprendido a sentir,

María,

o a la época maravillosa

en la que nos ha tocado vivir,

¿te das cuenta, María, que hemos vuelto

o comenzado quizás,

a decir sin vacilación ni menosprecio

te amo, sin pudor ni jactancia,

no puedo olvidarte, me es imposible,

no puedo más, te necesito,

es tan sencillo, tan real, tan necesario,

María,

esas pulsiones sin matices que hemos sentido tanto,

siglos y siglos,

vos y yo, pero no sólo vos y yo,

y eso también es importante,

decenas de siglos a lo largo del camino de la especie,

y sentirlas de nuevo, hoy, una vez más,

acá,

y decirlas sin vergüenza,

y quedarnos satisfechos, después,

de habernos hablado enteramente,

con sustancia,

con transparencia,

te quiero, no sé qué voy a hacer sin vos,

te extraño mucho,

¿vas a volver?,

esas frases tan sencillas que simplemente

nos dicen más que otras

prestigiosas o bellas de retórica,

de fascinación superficial por el lenguaje,

de metáforas ocurrentes,

palabras inesperadas, oscuras, silenciosas,

de juegos verbales o mentales,

¿te acordás que era a eso, a ese vacío,

a lo que llamábamos poesía?,

y quizás, María, pienso, todo esto nos pasa,

más allá, mucho más allá de nosotros,

porque hoy podemos decir amor sin ironía,

sin cinismo,

pero también sin metafísica,

con inocencia,

decir te amo, quiero decir, como quien dice tengo sed,

siento frío,

calor, soledad, melancolía,

tengo miedo, mucho miedo de que no vuelvas,

nostalgia, tristeza,

terror, felicidad, alegría,

¿sentís el peso de las palabras, María?,

quiero decir, mejor,

¿sentís el peso de eso anterior que está detrás de las palabras?,

lo digo de nuevo,

¿pudiste olvidarte de las palabras?,

¿ahora sí?,

entonces ya está, María,

no tengo más nada para decir.

martes, 7 de junio de 2022

Nocturno VII

 

La primera noche que pasé solo, María,

te lo cuento ahora que ya sé cómo contar,

que ya recuperé las palabras,

los conceptos, las categorías,

no supe qué lado de la cama ocupar, ¿te reís?,

con qué sábanas cubrirme,

qué ver en la televisión,

qué té prepararme,

a qué hora barrer, o comer,

o irme a dormir,

tu ausencia, María, como ves,

tomó la forma de la indecisión,

del desconcierto,

de la bruma,

la soledad entonces fue como un desconocimiento,

una ignorancia,

¿sabés?,

una falta de convicción,

de talento,

de restricciones y de acuerdos,

de órdenes y ceremonias,

la primera noche que pasé solo, María,

¿te habrá pasado a vos lo mismo?,

no supe cuántas hojas de laurel usar en la cocina,

ni cuánta comida preparar,

ni de qué lado de la mesa sentarme,

si sería preciso quitar todas las cosas

o preparar un solo lado de la mesa,

la primera noche que pasé solo, María, claro,

no sé si a vos te habrá pasado lo mismo,

hubiera querido que fuera la última,

la más incómoda,

la más aterradora,

la más solitaria,

la más absurda, María,

y sin embargo hubo otras,

muchas otras,

y no fue fácil acostumbrarme,  ¿sabés?,

a veces quisiera saber si a vos te habrá pasado lo mismo,

a la estabilidad insobornable de las cosas sobre la mesa,

a la falta de vida de las cajas,

de los libros, los repasadores,

las hojas escritas,

el control del televisor,

el nivel del agua de los vasos,

las plantas sin regar,

todo fue pasando de a poco, María,

por supuesto,

lentamente,

la soledad, entendí, es lo insignificante,

me pregunto si vos habrás comprendido lo mismo,

lo irrelevante del sabor apenas nuevo del pan,

del gusto ya conocido del vino,

de una planta reciente,

de un brote que vemos ahí por primera vez,

de un amanecer brillante, soleado,

oscuro u ordinario,

la soledad, María, entendí,

y hubiera querido saber si vos entendiste lo mismo,

es una risa sin eco al otro lado de la casa,

una palabra que se calla de golpe ante la comprensión súbita

de que del otro lado de la habitación

no hay nadie,

¿lo sentiste, María?,

y luego pasa y todo sigue siendo igual,

igual de irrelevante,

de solitario,

de silencioso,

¿te habrá pasado a vos?

la diferencia es que luego, luego, muy luego,

ya casi no duele. 

 

viernes, 27 de mayo de 2022

Nocturno VI

  

Afuera el espacio vacío,

la noche fría e inmensa,

lo abierto, lo vasto,

lo excepcional,

la dura esfera de la luna,

las luces dispersas,

la materia muda y oscura,

el cielo insospechado,

descomunal,

los astros indistintos,

el universo infinito y anónimo,

lo inhóspito,

lo cóncavo y silencioso,

lo inaccesible,

la atmósfera abierta y desnuda,

la noche física,

elemental.

 

Quizás imaginariamente,

adentro,

en esta habitación,

el mantel  verde de la mesa,

un vaso con agua transparente,

unos libros,

la luz encendida,

una mano sobre otra,

vos y yo,

Laura,

creándonos,

de este lado de la moneda de la noche.

 

 

 

lunes, 9 de mayo de 2022

Canción de amor para Laura

 

Mientras dure esta tarde,

este sol que apenas sube ahora por tu barrio, Laura,

te amo,

y podría dedicarte todas,

pienso mientras la luz avanza y nos exhibe junto a las otras cosas,

todas las canciones de amor

que el amor humano ha recreado,

claro que no exagero, Laura, lo sabés,

mientras dure esta jornada, nueva, de zorzales en las ramas,

de palomas,

de sábanas al sol,

de laureles más allá del recuadro apenas suficiente de la ventana,

de ver por primera vez sonreír a una mujer,

atarse el pelo sin amor,

hablar con dedicación de lo irrelevante,

mirar una calle con profundidad, hasta el fin,

girar la tierra con las manos,

sos todo para mí, Laura, ahora,

y no nos falta nada, absolutamente nada,

vos me creés,

porque la verdad es persuasiva, ¿no?,

y por un momento casi quisiera quedarme,

dejarme acá entre tus mapas, tu desprolijidad,

con tu música,

tus plantas sin prestigio,

cuidadas con amor pero sin sabiduría,

lo desnudo de tus sillas,

los papeles de la mesa,

tu belleza,

tu gracia,

mientras dure esta tarde, que crece, digo,

que estira los rombos negros de un alambrado

contra un patio vecino,

que modifica su geometría en el pasto crecido,

que inviste de tiempo la materia y la modifica, imperceptiblemente,

la intranquiliza,

claro que me creés, Laura,

por qué no me creerías,

no he amado nunca a nadie así, de este modo,

y estaría acá toda la vida,

de a ratos siento,

mientras veo caer toda la sombra al otro lado de la calle,

irse los pájaros,

entrar el frío a la habitación,

unirse lo ajeno,

borrarse las líneas de lo individual,

volvernos humildes y homogéneos,

pero el sol es preciso y la tarde se termina, se agota,

lo sabíamos, claro,

y empiezo a irme y sé sin razón ni margen de duda

que no va a faltarnos nada cuando me vaya,

cuando me acompañes a la puerta y me dejes en la noche,

en lo amplio,

en lo abierto,

en lo ajeno,

solo como antes,

cuando vuelva a lo anterior de haberte conocido,

el ruido suave del motor,

los vidrios sucios del auto,

el calor,

porque afuera ya hace mucho frío,

que no vamos a perder nada cuando te pierda, Laura,

por eso nada de esto  es triste, podemos sentirlo,

quizás ni siquiera lo contrario,

no va a faltarnos nada, digo, ni siquiera el amor,

cuando me vaya,

cuando vuelvas a la soledad de la que saliste para encontrarnos,

en lo blanco detenido de la tarde,

en un domingo de mayo que no vas siquiera a recordar,

sin duda,

solamente quedará,

levemente y por un rato,

un olor a otro que empezábamos a querer y acaso incluso a preferir,

entre otros,

en la tela hundida de la almohada,

en el pelo,

en el revés de la ropa,

en la respiración,

un sistema de gestos,

de códigos, de preguntas y respuestas,

que recién aprendimos,

de risas que se sostienen más allá de la risa,

que se sostienen sin ruido, quiero decir,

porque dicen de más,

porque saben otra cosa,

una forma nueva de contemplar lo fugaz,

y de amarlo, por qué no,

no perderemos nada, digo,

cuando nos vayamos,

y no reencontraremos nada, Laura, tampoco, si algún día,

en este mismo patio o en otro,

con estos mismos  zorzales o con otros,

con la misma soledad de siempre,

posiblemente intacta,

volvemos a encontrarnos.

viernes, 29 de abril de 2022

Canción de invierno

 

Este campo,

el verde y el azul,

esta pradera,

el agua y la quietud,

parece, pero no, no están afuera.

 

Estas flores,

lo inmenso bajo el sol,

esta corteza,

las ramas del gorrión,

parece, pero no, no están afuera.

 

Este viento,

las hojas del laurel

girando apenas,

las ramas que pisé,

parece, pero no, no están afuera.

 

Esta lluvia,

el frío y la humedad

sobre la hierba,

las aves que se van,

parece, pero no, no están afuera.

 

Este frío,

las hojas que no vi

bajo esta niebla,

las rosas que perdí,

parece, pero no, no están afuera.